Trabajar entre acoso

03/12/2020
Publicado por: Verónica Ayala

Valeria comenzó a trabajar en un despacho de abogados en cuanto terminó la carrera. Era su primera experiencia laboral y en un ambiente mayoritariamente integrado por hombres.

“Al principio todos eran muy amables y pacientes conmigo, me explicaban todo, se ofrecían a ayudarme, me invitaban a comer”, recuerda.

Pero al poco tiempo comenzó a recibir de sus colegas y hasta de sus jefes comentarios y contactos físicos que simplemente la incomodaban.

“Me decían desde qué guapa, qué bien te queda eso, hasta preguntas sobre mi vida personal, que si tenía novio, que cómo es que estaba sola, con quién salía, qué hacía en mis días libres”, cuenta.

“Trabajaba rodeada de hombres, solo éramos unas cuantas mujeres, y al parecer para todos era muy normal que nos hablaran así, que nos hicieran comentarios todo el tiempo, hasta tener que aguantar las miradas, que te agarraran la espalda o el hombro, que te toquetearan raro”.

La primera persona a la que le contó cuánto le incomodaba la situación fue a una asistente que tenía ya mucho tiempo laborando ahí, pero a la que todos aparentemente respetaban mucho.

“Ella me dijo así tal cual ´es normal, son hombres, así es en este ambiente´, como justificando”, resumió sorprendida. “Yo no podía creerlo”.

Trabajar con acoso
Trabajar con acoso

Cuando intentó contarle su experiencia a uno de sus compañeros de trabajo, que tenía al menos un año más que ella trabajando ahí, tampoco encontró ninguna clase de apoyo o empatía.

“(Me dijo) ´no seas exagerada, ni que te estuvieran haciendo algo´”, señaló. “Hasta me dijo que si quería ascender ahí que mejor me callara y que no podía estarme quejando de cualquier cosa”.

Un día, Valeria tuvo que quedarse a trabajar hasta tarde en uno de los casos con uno de los socios del despacho, que estaba casado, que intentó propasarse con ella.

“Pues estábamos ya noche viendo lo de una demanda, ya se habían ido todos, creo que ya no queda nadie, y estábamos en una de las salas de juntas”, narró.

“Y de repente de la nada se me acercó y me agarró y me quiso besar. Yo me lo quité de encima a como pude y me salí, agarré mis cosas y me fui”.

Lo peor del caso, asegura, fue toparse con la indiferencia y el encubrimiento cuando recurrió a otro de los socios para denunciar lo que había pasado.

“Por lo que me contestó, me di cuenta de que no era la primera con la que pasaba esto, me dio a entender que ya había ocurrido”, narró Valeria. “Pero no me ofreció ninguna solución, o sea prácticamente me dijo que no podían hacer nada porque podría perjudicar a la firma. Y sólo me ofreció asignarme con otra persona, para que ya no tuviera que estar trabajando directo con él”.

Pero para ella, seguir trabajando en un ambiente de acoso sexual y seguir conviviendo con su agresor no era una opción, por lo que al poco tiempo acabó por renunciar.

“La verdad fuera de eso me gustaba mucho mi trabajo y todo lo que veíamos, y quizá en otras circunstancias me habría encantado crecer ahí”, dijo. “Pero yo no podía seguir trabajando así”.

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