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Garza Sada el legado

Don Eugenio y su legado

Hombre cabal, íntegro, visionario, crítico al sistema político nacional de su época, un revolucionario moderno, austero pese a gozar de una gran fortuna, y hasta un tirador ejemplar, fue Don Eugenio Garza Sada.  

El legado de don Eugenio Garza Sada ha permanecido a través de las instituciones y empresas que él creó y administró con celo y gran cuidado.  

Una de las partes que más se admira de este hombre fue su legado, su personalidad y espíritu de superación fue reconocida, tenía ambición como persona y como ser humano “tenía hambre”. 

Contagiaba con su espíritu de superación, inclusive era más preciso que un reloj suizo, si a una cita con el no estaban antes de la hora marcada, le daba vuelta a la página, y a lo que sigue. 

No respetaba la “ley de cuarto de hora”, y subrayaba que era una falta de respeto no para él, ni de quien llegas tarde a la cita, sino para quien lo esperara en su siguiente encuentro.  

El Ideario Cuauhtémoc es un grupo de principios y conceptos personales escritos bajo su supervisión,  principios representan la escencia de los valores que hoy son parte fundamental de la cultura en estas instituciones y empresas. 

Su vida está plasmada  en ellos a fin de tener horizontes mucho más venturosos.   

El regio murió un 17 de septiembre de hace 47 años, asesinado en un intento de secuestro para que sus captores se hicieran de dinero para combatir al sistema político nacionalista del viejo régimen priísta. 

Sin embrago pese a la muerte del  empresario, su visión, su legado jamás será asesinado. 

Su espíritu, su nombre, su trayectoria sigue vigente en la cultura empresarial nacional. 

En vida fue  visionario, luchó por la justicia social, el progreso y el respeto a la dignidad humana. 

Comprendió desde muy joven que la educación de calidad facilitaba la industrialización y el progreso de un país bajo el engranaje de la investigación, la ciencia y la tecnología. 

Desde que comenzó a trabajar en Cervecería Cuauhtémoc, propiedad de Isaac Garza, su padre, tuvo éxito  en las empresas, pero esto era parte de un equipo y el equipo eran los trabajadores y los trabajadores deberían de superarse y velar por sus hijos, por una mejor nación. 

Desde el año 1942, fundó a un puñado de empresarios el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey pero los guerrilleros acabaron con su vida un 17 de septiembre de 1973. 

A su entierro acudieron más de 150 mil almas, cuales caminaron por las calles en señal de solidaridad, amor y hasta de crítica social hacia el régimen del Presidente Luis Echeverría, abierto opositor de las ideas del empresario. 

Es así en parte como desde el  11 de enero de 1975, a petición de la Sociedad Nuevoleonesa de Historia, Geografía y Estadística, el Ayuntamiento de Monterrey le asignó el nombre de Eugenio Garza Sada a la avenida donde se encuentran las instalaciones principales del Tec de Monterrey. 

SU MEJOR LEGADO  

I. Reconocer el mérito de los demás. 

Por la parte que hayan tomado en el éxito de la empresa y señalarlo de manera espontánea, pronta y pública. Usurpar ese crédito, atribuirse a sí mismo méritos que corresponden a quienes trabajan a las órdenes propias, sería un acto innoble, segaría una fuente de afecto e incapacitaría para comportarse como corresponde a un ejecutivo. 

II. Controlar el temperamento. 

Debe tenerse capacidad para dirimir pacífica y razonablemente cualquier problema o situación, por irritantes que sean las provocaciones que haya que tolerar. Quien sea incapaz de dominar sus propios impulsos y expresiones, no puede actuar como director de una empresa. El verdadero ejecutivo abandona el derecho a la ira. 

III. Nunca hacer burla. 

De nadie ni de nada. Evitar las bromas hirientes o de doble sentido. Tener en cuenta que la herida que asesta un sarcasmo, nunca cicatriza. 

IV. Ser cortés. 

No protocolario, pero sí atento a que los demás encuentren gratos los momentos de la propia compañía. 

V. Ser tolerante. 

De las diversidades que puedan encontrarse en la raza, color, modales, educación o idiosincrasia de los demás. [Personalmente, yo cambiaría la idea de ser ‘tolerante’ por la más amplia, activa y rica de ser respetuoso.] 

VI. Ser puntual. 

Quien no puede guardar sus citas, muy pronto se convertirá en un estorbo. 

VII. Si uno es vanidoso, hay que ocultarlo. 

Como el secreto más íntimo. Un ejecutivo no puede exhibir arrogancia ni autocomplacencia. Cuántas veces los fracasos de hombres bien conocidos confirman el adagio de “el orgullo antecede al a caída”. Cuando uno empiece a decir que otros empleados son torpes, o que los clientes son mezquinos o necios, habrá empezado a meterse en embrollos. 

VIII. No alterar la verdad. 

Lo que uno afirme, debe hacerlo reflexionando; y lo que prometa, debe cumplirlo. Las verdades a medias pueden ocultar errores, pero por poco tiempo. La mentira opera como un bumerang. 

IX. Dejar que los demás se explayen. 

Especialmente los colaboradores, hasta que lleguen al verdadero fondo del problema, aunque tenga que escuchárseles con paciencia durante una hora. Haría uno un pobre papel como director, si dominara una conversación en vez de limitarse a encauzarla. 

X. Expresarse concisamente. 

Con claridad y completamente, sobre todo al dar instrucciones, nunca estorba un buen diccionario a mano. 

XI. Depurar el vocabulario. 

Eliminar las interjecciones. Las voces vulgares y los giros familiares debilitan la expresión y crean malentendidos. Para demoler verbalmente a sus enemigos, los grandes parlamentarios nunca emplearon una sola expresión vulgar. 

XII. Asegúrese de disfrutar el trabajo. 

Es muy legítimo tener pasatiempos predilectos e intereses en otras cosas, pero si se estima como un sacrificio venir al trabajo, entonces lo que se necesita es un descanso o alguna otra compañía en donde trabajar. 

XIII. Reconocer el enorme valor del trabajador manual. 

Cuya productividad hace posible la posición directiva y afirma el futuro de ambos. 

XIV. Pensar en el interés del negocio más que en el propio. 

Es buena táctica. La fidelidad a la empresa promueve el propio beneficio. 

XV. Análisis por encima de la inspiración o de la intuición. 

Este debe ser el antecedente para actuar. 

XVI. La dedicación al trabajo. 

Beneficia al individuo, a la empresa y a la sociedad entera. En esto se asemeja a un sacerdocio. 

XVII. Ser modesto.  Si no se comprende que nada tiene que ver con el valor de la persona -el tamaño del automóvil o de la casa, o el número de amigos y de los clubes a los que se pertenece, los lujos y el rótulo de la puerta del despacho- y si estas cosas significan para uno más que la tarea bien y calladamente cumplida y los conocimientos y el refinamiento espiritual, entonces se precisa un cambio de actitud o de trabajo.

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